Las prácticas sadomasoquistas y su tipificación en Código Penal

Frecuentemente la sorpresa cuando tratamos en clase el artículo 155 del Código Penal es mayúscula:

En los delitos de lesiones, si ha mediado el consentimiento válida, libre, espontánea y expresamente emitido del ofendido, se impondrá la pena inferior en uno o dos grados.

No será válido el consentimiento otorgado por un menor de edad o una persona con discapacidad necesitada de especial protección.

Así, que olvídense señor@s de las 50 sombras de Grey, por más que haya un contrato, por más que conste por escrito incluso el expreso consentimiento de la víctima, si en la práctica de una relación sexual sadomasoquista se producen lesiones al otro, se está cometiendo un delito previsto y castigado en el Código Penal. La pena, eso sí será inferior en uno o dos grados a la del delito de lesiones. No contemplo, por supuesto, que la cosa vaya a mayores y se produzca un homicidio que entonces se regularía en otro apartado del Código Penal.

De acuerdo con el artículo 148 del Código Penal El que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión que menoscabe su integridad corporal o su salud física o mental, será castigado, como reo del delito de lesiones con la pena de prisión de tres meses a tres años o multa de seis a doce meses, siempre que la lesión requiera objetivamente para su sanidad, además de una primera asistencia facultativa, tratamiento médico o quirúrgico.   Y si se han empleado armas, instrumentos, objetos, medios, métodos o formas concretamente peligrosas para la vida o salud, física o psíquica, del lesionado, se aplicaría el 148 y la pena pasaría a ser de dos a cinco años. Estas penas, por lo tanto, deberían atenuarse de conformidad con el artículo 155 en uno o dos grados, pero pena y de prisión, habría, por más que constara el consentimiento válido, libre, espontáneo y expreso de la víctima. 

No hay demasiadas Sentencias que traten el tema, a modo de ejemplo, cito las Sentencias del Tribunal Supremo de 8 de mayo de 1989, 18 de marzo de 1991, 12 de enero de 1995 y 5 de junio de 2002. Esta última Sentencia, por ejemplo, condena al autor de dichas prácticas sadomasoquistas a la pena de 1 año y 6 meses de prisión.

Que en principio, es de esperar que quien se somete a este tipo de prácticas no denunciará a su agresor, pero pongámonos en el caso que precise asistencia médica y el médico, tal y como está obligado dé parte al Juzgado y, por lo tanto, sea el Fiscal quien acuse, aunque la víctima no quiera personarse como acusación particular en el procedimiento.

También puede ocurrir el caso que las prácticas se vayan de las manos a quien las está infligiendo y la víctima acabe en un estado tan grave, lejos, quizás de lo que había pensado que ocurriría y  que quiera denunciar.

Respecto a los requisitos del consentimiento, se establecen los siguientes:

a) válido, cuya interpretación debe relacionarse con lo establecido en el propio precepto, en el sentido de que no es válido el consentimiento prestado por menor de edad o incapaz, término este último que debe corresponderse con una minusvalía aparente no siendo necesaria su declaración judicial.

b) libre y espontáneo, esto es, no condicionado por ningún elemento externo, ya que en este caso impediría su apreciación, en razón del bien jurídico protegido que lo es la integridad física, constitucionalmente protegida en el art. 15 de la Constitución.

c) expresamente emitido por el ofendido, no bastando con meras suposiciones sobre la prestación del tal consentimiento.

En cuanto a la aplicación del artículo 148 suele ser habitual en este tipo de prácticas sexuales ya que se utilizan medios peligrosos para la vida  “tales prácticas suponen una incidencia violenta e intensa sobre el cuerpo de otra persona en el curso de relaciones sexuales que se convierten de esa forma en fuente de (aparente o real) satisfacción, generalmente solicitada o consentida, con componentes sádicos, y que al producir lesiones resultan reprochables para el derecho penal, a pesar del consentimiento. Tales métodos (quemaduras, latigazos, esposamientos, sujeciones manuales intensas, agresiones, etc.) integran sin esfuerzo alguno el subtipo agravado que se describe en el número primero del art. 148 del Código penal, que se correlaciona con formas o métodos concretamente peligrosos para la salud, física o psíquica, del lesionado” 

En cuanto al dolo debe tenerse en cuenta que en estas conductas no es eventual, sino directo: las lesiones se causan por el autor de forma “querida” e “intencionalmente perseguida”, sin que pudiera pensar de modo alguno que no se van a producir, dados los métodos empleados, y la intensidad con que se utilizan.

Ana Belén Almécija Casanova

info@almecija-advocats.com

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